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Introducción

Probablemente se trata de la pregunta que más escuchamos a lo largo del día. Desde el conserje del edificio hasta el compañero del cubículo de al lado, todos te saludan con esta frase. ¿Qué respondes, lo haces con actitud positiva o demuestras exactamente cómo te sientes?

Muchas personas no tienen reparo en contestar un ¿cómo estás? de manera directa y amable, lo ven como una simple cortesía. Pero para otros la pregunta es vacía pues sienten que a los demás realmente no les importa cómo se sienten.

El asunto con esta pregunta es que dependiendo de la forma en que respondamos, podemos ser personas empáticas y agradables o antipáticas y egocéntricas. A continuación, te damos algunas claves para tener la mejor actitud posible ante tu entorno.

Tu respuesta es la actitud

¿Te parece que un cómo estás es una pregunta demasiado insignificante que no dice nada sobre ti? Piénsalo bien, pues la respuesta y la forma en que contestas un simple saludo dice mucho de ti e incluso habla de la actitud que tienes ante la vida.

Nuestros interlocutores son capaces de percibir en nuestras respuestas nuestro estado de ánimo, nivel de empatía y también si somos sinceros o no. De allí la importancia de cuidar lo que decimos y cómo lo decimos.

Cada uno de nosotros tiene una vida y circunstancias diferentes, no todos los días estamos de buen humor, no siempre queremos hablar o ser empáticos. Cada persona tiene momentos difíciles o días pesados, pero sin duda en esos escenarios nuestra actitud nos define.

Si estás atravesando por un día complicado o un problema y alguien de manera amable te pregunta cómo estás, no tienes que contarle todas tus penas.

Tampoco estás en la obligación de fingir. No obstante, lo correcto es que trates en lo posible de contestar con la mejor actitud posible. Bastará con un “bien, gracias, cómo estás tú”, o “Bien, con algo de ocupaciones, gracias por preguntar, que tengas buen día”.

Una sonrisa al responder este tipo de pregunta ayuda muchísimo. Aunque no lo creas el lenguaje corporal es súper poderoso. Una pequeña sonrisa o un apretón de manos, así no estés de humor, puede ser el ingrediente clave que le quite el toque parco e incómodo al “bien ¿y tú?”.

Orienta tu respuesta a lo que quieres proyectar

Como ya lo mencionamos, no se trata de fingir. Si no estás de buenas justo cuando te preguntan cómo estás, no tienes por qué sentarte contar chistes ni poner una actitud que no sientes. Todo dependerá de lo que quieras proyectar.

Afortunadamente en el mundo no vivimos solos y siempre estaremos rodeados de personas. Esto nos expone a estar constantemente relacionados con otros. Por lo que vale la pena poner nuestro mejor esfuerzo por convivir con el entorno.

Tú tienes una personalidad definida, una actitud que te identifica y no tienes que cambiar estos aspectos para que los demás estén satisfechos. Sin embargo, te aconsejamos enfocar siempre tus respuestas y tu actitud de forma respetuosa sin dejar de ser quien eres.

La actitud y las respuestas que tenemos ante nuestro entorno serán clave para llevar relaciones interpersonales sanas o para nos consideren personas desagradables. Por eso, cuida lo que deseas que los demás vean de ti.

La actitud que pongamos en nuestra vida, va a determinar nuestros resultados

La actitud es la forma en cómo asumimos y enfocamos las diferentes situaciones que debemos enfrentar. No importa cuántos títulos académicos hayas logrado, cuánto dinero, dónde vivas o qué trabajo tengas, lo que te define son tus actitudes.

La amabilidad, el altruismo, la empatía y el positivismo son palabras fáciles de pronunciar. Sin embargo, para muchos es complicado hacer de estos valores su modo de vida.

¿Cómo conseguir aplicar estos valores en nuestra cotidianidad para mejorar nuestra actitud? No es fácil, ya que muchas situaciones y experiencias nos moldean diariamente y respondemos de acuerdo con estos estímulos, incluso si son negativos.

Pero debes saber que avanzar y mejorar en este sentido tampoco es imposible. Quizá algunos aspectos de nuestra actitud son innatos, no obstante, hay actitudes y comportamientos que se aprenden.

Lo primero que debes hacer es reflexionar objetivamente sobre tu forma de ser y actuar con los demás y tratar siempre de ponerte en el lugar del otro. De este modo, será más fácil detectar qué estás haciendo mal respecto al trato y la actitud que tienes hacia tu entorno.

Una vez identificadas las fallas es preciso actuar y valerte de todas las herramientas para cambiar esas malas actitudes y mejorar lo que haya que mejorar.

Recuerda siempre lo siguiente, las palabras son importantes, pero como reza el dicho, se las lleva el viento. En cambio, nuestras acciones y actitudes permanecen y no quedan en el olvido.

Cierre

En la vida las cosas que pensamos más insignificantes tienen un gran valor. La respuesta a un simple ¿Cómo estás? va a determinar cómo nos perciben los demás.

Por supuesto que estás en tu derecho de responder a esa y cualquier otra pregunta como mejor consideres. No obstante, es importante que analices si la forma en cómo contesta contribuye a la forma en que deseas proyectarte ante tu entorno.

Una buena forma de mejorar cualquier aspecto que involucre nuestra forma de ser es colocándonos en zapatos ajenos. Cuando eres tú quien pregunta a alguien cómo está y lo haces con la mejor intención y educación, ¿cómo te gustaría que te respondieran?

¿Qué actitud esperas de los demás cuando eres amable y empático? En las respuestas a estas interrogantes está la clave de cuál sería la manera correcta de responder a tus interlocutores. ¿Qué esperas para poner en práctica tu mejor actitud?

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